Los zapatos de las más majestuosas galas valencianas marcan el camino del fervor que los valencianos sentimos por nuestra patrona, la Virgen de los Desamparados. Cada 17 y 18 de marzo la Plaza de la Virgen es escenario vivo de la emoción más sincera, cada clavel esconde un “gracias Madre”.

Todas las miradas a la Virgen, toda lágrima y toda sonrisa esconde un sentimiento único.

Siento emoción, pasión y mucha devoción ante la imagen de la Geperudeta. Recuerdo con gran orgullo cuando por primera vez pasé delante de ella con mi sobrina y alargó la manita para darle una flor al vestidor. Ambas vivimos ese momento con especial fervor.” Recuerda Virtudes Mansilla, de la comisión Quart – Palomar mientras la piel se le eriza y los ojos empiezan a brillar.

Cabe destacar, que este acto de agradecimiento a la que es Patrona de Valencia desde 1667, tiene su origen en 1940. La Junta Central Fallera decide introducir el día de San José un nuevo acto, el cual muchos consideran como el antecedente más directo a la actual Ofrenda de Flores a la Virgen de los Desamparados, la llamada “fiesta de la Clavariesa”. El acto contó con la asistencia de la Fallera Mayor de Valencia de 1940, María Luisa Aranda Sala junto a su corte de honor y todas las autoridades valencianas. Se celebró una misa en la capilla de la Patrona y seguidamente se bendijeron los panes, una vez finalizado el acto, las Clavariesas, ataviadas con el típico traje valenciano y la mantilla de blonda ofrecieron los panes benditos a las autoridades presentes.

La comisión número 127 de Valencia, San Vicente – Periodista Azzati – Padilla, fue la primera falla en realizar una ofrenda a la “Geperudeta” encabezada por su Fallera Mayor de 1943, Paquita Pérez Pérez, que, sin saberlo, estaba marcando un hito en la historia de las Fallas. A ello se sumó toda su comisión y acompañados por la banda de música de Massarojos mostraron su agradecimiento a la Patrona de Valencia. De ello hace ya 75 años.

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Paquita Pérez, Fallera Mayor en el año 1943 de la Falla San Vicente -Periodista Azzati y Manuel Gimeno presidente de la Comisión.

Todo ello, junto a la devoción natural que los valencianos y falleros sienten por su Patrona forjó que en 1945 naciese la Ofrenda de flores tal y como la conocemos hoy en día, acto que año tras año esperamos con gran ilusión. Al año siguiente, la fiesta de las Fallas estuvo marcada por ser el primer año que se iniciaba una convocatoria abierta a todas las comisiones y falleras, por entonces, la ofrenda se realizaba por dentro de la Basílica hasta que, en 1949, debido a la afluencia de gente, se tuvo que trasladar al exterior, donde actualmente se realiza.

La Ofrenda es uno de los actos más emotivos, no solamente para las Falleras Mayores sino también para todos los falleros y valencianos. La llamada “llumenà” es el fenómeno que le sucede a casi toda mujer que se pone a los pies de la “Geperudeta”, donde reviven algunos de los momentos más importantes de su vida durante unos segundos, así lo corrobora Natalia Molins Giner, componente de la Corte de Honor de la Fallera Mayor de Valencia 2011:

Cuando deposito las flores a los pies de la Virgen me viene a la mente los momentos duros en que me he encomendado a ella.

Pero cuando más emoción sientes es cuando los más pequeños muestran, con su inocencia, su devoción más fiel y sincera. Cuando la observan como si ella les observase, cuando le lanzan un beso como si ella se lo lanzase. Aitana Roldán, de 5 años y de la comisión Quart – Palomar vive por “su Virgen”, como ella la llama:

Me encanta llevar el ramo y darle gracias.

Hace 75 años se produjo lo que hoy es mucho más que un acto, lo que hoy es la fiel imagen de las valencianas a los pies de la “Mare de tots els Valencians.”

 

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