Durante el reinado de los Reyes Católicos, la inmigración de varios centenares de sederos genoveses supuso la implantación paralela del arte de tejer velluto, terciopelo de seda, en nuestras tierras. Desde entonces Valencia lideró la industria textil sedera en la Península Ibérica, con más de un millar de familias artesanas que trabajaban en el sector. Con estas circunstancias, el despegue económico de la sedería terminó por producir un efecto secundario de carácter institucional: la fundación de la cofradía de San Jerónimo y del arte de velluters de Valencia.

La reciente publicación del libro de Germán Navarro Espinach y Juan Martínez Vinat titulado «La cofradía de San Jerónimo del “Art de Velluters” de Valencia. Fundación y primeros años (1477-1524)» reconstruye la historia de esta institución singular, que permanece vigente en la actualidad, con más de quinientos años a sus espaldas.

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La particularidad de la cofradía de velluters deriva de la riqueza de su fondo gremial, base principal del estudio. Los Llibres de Dates i Rebudes, conservados en el Archivo del Colegio del Arte Mayor de la Seda de Valencia, recogen la contabilidad de esta corporación desde 1479 hasta 1856, presentándose como fuente privilegiada para analizar tanto el desarrollo profesional del colectivo como la vertiente asistencial de su cofradía. Junto a los libros de clavería, se han utilizado privilegios, concordias, actas notariales y todo tipo de documentos contrastables procedentes de los archivos valencianos, así como otros fondos depositados mucho más lejos, en la Hispanic Society of America de Nueva York.

La historia asistencial, caritativa y funeraria del oficio de terciopeleros

A través de estas fuentes, la obra aborda, de manera singular, la historia asistencial, caritativa y funeraria del oficio de terciopeleros de Valencia. Y es que la cofradía de San Jerónimo se caracterizó desde sus orígenes por fomentar prácticas piadosas entre sus agremiados, alcanzando una plena identificación entre cofradía y gremio.

El libro se divide en siete capítulos y culmina con un apéndice documental que incluye seis documentos inéditos. En el primero de los apartados se da cuenta de la Fundación y estatutos de la cofradía, incidiendo particularmente en algunos registros documentales de interés como el acta de la reunión celebrada por medio centenar de maestros velluteros en 1477, en casa del genovés Lazzaro Negro, que daba carta de nacimiento a la lloable confraria o almoina de l´ofici de velluters, o el privilegio de Fernando el Católico concedido en 1479, por el cual se otorgaba el máximo reconocimiento social a la profesión con el paso de oficio a arte.

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Privilegio 1479 (ADV) Cofradía San Jerónimo.

El segundo, Composición social, trata sobre su organización administrativa, condiciones de acceso y cargos de gobierno, e incluye la nómina de sus protagonistas.

En Patrimonio y contabilidad el objetivo se centra en la sede confraternal, e indaga en el escrito de compraventa de la casa fechado en 1494 y en las reformas del inmueble de los años siguientes. Una casa que, por cierto, todavía se mantiene en pie como sede del Colegio del Arte Mayor de la Seda de Valencia y que ha sido rehabilitada recientemente. El patrimonio colectivo pudo conservarse gracias al grado de solvencia y a las estrategias de financiación de la institución, cuyos balances contables presentaban siempre un saldo positivo en el ocaso de la Edad Media.

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Recepción de cofrades (s.-XV). Manuscrito de la Hispanic Society of America (Nueva-York).

El cuarto capítulo, Fiestas, dedica una atención específica a la elección del patronazgo jerónimo, a los espacios de culto ‒ en especial la capilla e iglesia de San Jerónimo ubicada en el camí de Sant Vicent, propiedad del convento de San Jerónimo de Cotalba‒, y a las dos festividades principales que la cofradía guardaba anualmente: la de San Jerónimo (30 de septiembre) y la fiesta de la Traslación del cuerpo del santo (8 o 9 de mayo).

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Gastos Fiesta Cofradía San Jerónimo

En el quinto apartado, Capítulos y comidas, los autores se centran en las asambleas capitulares donde se tomaban las decisiones corporativas y en los banquetes que disfrutaban algunos miembros privilegiados del colectivo.

Los dos últimos capítulos, Caridades y Sepulturas, abordan con profusión de detalles la vertiente benéfica de la agrupación. Los cofrades y sus familiares, en particular los integrantes empobrecidos o enfermos, tenían derecho a percibir una amplia gama de subsidios caritativos. Por el simple hecho de ser miembros de la cofradía, podían recibir pagos en metálico (puntuales o semanales), en especie (alimentos, vestidos o mobiliario), atención médica en la casa confraternal, seguro laboral por accidente, subvención de los viajes para repatriar artesanos inmigrantes que deseasen volver a su tierra natal y cobertura de los costes funerarios llevados a cabo por la cofradía.

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En definitiva, estamos ante un libro basado en una documentación tan rica en detalles y matices que ha acabado por poner al descubierto con luz y taquígrafos la historia más secreta e íntima de los profesionales de la seda valenciana que vivieron a caballo entre los siglos XV y XVI, cuando los velluters tomaron la decisión de organizarse al amparo de la cofradía de San Jerónimo.

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