Allá por los años en que Valencia se comenzó a vestir de fiesta. Allá por los años en que sus mujeres comenzaron a vestir sus cuerpos con sedas, damascos, espolines, brocados, tules, lentejuelas y perlas. Allá por los años en que la indumentaria era un recuerdo en las memorias de las mujeres valencianas. Por aquellos años en los que aún se encontraban mujeres peinadas con el monyo al tòs y els caragols en les polseres paseando por Valencia en el Mercado o en la Lonja, el recuerdo de nuestro traje era más vivo y más natural.

Sin embargo, ahora hemos tomado normas heredadas, ambages difíciles de desentrañar que hace que nos cueste encontrar en toda nuestra indumentaria elementos sencillos que nos cubran y no nos sean extraños. Una sencilla acción como era resguardarse del frío ahora es misión casi imposible.

Hay mucha variedad, muchos diseños y muchas prendas nuevas que hacen que, en busca de algo práctico, olvidemos las joyas que siempre lucieron nuestras madres y abuelas. Una de estas joyas es el mantón de Manila.

Una joya, siempre cotizada de seda decorada en finos bordados orientales, que delataban su origen. Pues estos mantones que venían de China eran traídos de Manila, uno de los puertos principales de Filipinas, colonia española hasta el siglo XIX.

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Ahora nos podrá parecer extraño, pero esta exquisita prenda muy cotizada desde que fuera importada, fue durante mucho tiempo parte fundamental de la indumentaria de muchas mujeres (incluso en algunas danzas rituales los hombres los llevaron, pero eso es otro historia), como adorno, puesto como un chal o tapando el cuerpo cerrado al cuello, llegó a ser parte indispensable del guardarropa femenino en el siglo XIX y bien entrado el XX.

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Por eso, no es de extrañar que cuando bajo sus trajes de fría seda espolinada las mujeres valencianas comenzaran a temblar buscaran el cobijo de estas ricas prendas que aportaban siempre distinción y resguardo. Su comodidad los hizo los reyes de las noches de marzo, en ofrendas, pasacalles e incluso en la cremà no era difícil encontrar a una mujer tapada con un mantón de Manila con sus flecos anudados a mano contorneando su figura femenina. Pero por desgracia, pasó el tiempo y se fue perdiendo su uso, debido a las modas y también a su gran coste y a que ahora son muy escasos y difíciles de encontrar. Y ahora encontramos a mujeres que buscan abrigo en mantas de hombre o pañolones de seda modernos puestos de moda hace tan solo unos años.

Y es que allá por los años en que Valencia se comenzó a vestir de fiesta y sus calles a vestir de frío, las mujeres valencianas no dudaron en rescatar sus mantones de Manila de las viejas arcas. Quizá no sería tan mala idea volver a buscar en aquellas arcas y armarios ahora que el frío vuelve a vestir las calles de Valencia en Fallas.

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