El Museo de la Seda de València nos ha invitado a una clase magistral de la mano de Vicente Enguídanos. Él se denomina “l’últim velluter” pero en su interior, a sus 86 años, anhela que el oficio recupere la figura del aprendiz y continúe vigente este trabajo artesano que aprendió de sus antepasados. Así nos lo explica mientras sus manos trabajan y nos muestra ilusionado cómo funciona este telar de vellut, restaurado para la elaboración del terciopelo con la misma técnica que en el siglo XV. Una joya museística de gran valor, única en España y que es todo un símbolo: la esencia del barrio de Velluters y del Colegio del Arte Mayor de la Seda.

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Datos técnicos del telar

Para tejer, los hilos se disponen en el telar en forma de urdimbre y de trama. Para un ancho de 55 centímetros, el telar está dispuesto:

Urdimbre: 2 plegadores: 6600 hilos de seda natural de 3 cabos. (1 plegador de 4400 hilos de base y otro de 2200 hilos para el pelo).

Trama: seda natural que lleva 40 pasadas por centímetro de seda de 36 cabos

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Desde los 12 años empezó a familiarizarse con los telares gracias a la empresa que fundó en 1925 su padre. Sus abuelos también fueron trabajadores de la seda. Trabajó con gran maestría el vellut de manera artesanal. El taller estaba ubicado en su propia vivienda, en la calle Juan de Mena. Con sus tellerolas, tijeras y ferros, algunos utensilios incluso heredados de generación en generación dentro de su misma familia, mantuvo vivo el espíritu de velluter. Hoy en día, es la única persona en España conocedora de la ancestral técnica de tejer el terciopelo  a mano.

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Vicente Enguídanos nos muestra las herramientas que atesora con las que ha realizado sedas y terciopelos únicos durante décadas. Nos cuenta anécdotas familiares sin levantar la mirada. Como cuando le pidió a sus padres que, finalizados sus estudios, sentía la vocación de continuar con la saga familiar que había aprendido y contemplado realizar en los abuelos.

Todavía se emociona al recordar un día de la Virgen de los Desamparados, cuando quise adelantar un encargo que llevaba bien de tiempo, pero siempre he sido muy cumplidor con los clientes y cortó el terciopelo por dónde no debía y se perdió todo el trabajo realizado.

Sólo me ha pasado en dos ocasiones y todavía hoy después de tantos años aún se reproduce en mis sueños aquella sensación horrible, que sigue despertándome como una pesadilla – explica mientras señala el vello de sus brazos con sensación de inquietud y desvelo – Aún me pone la piel de gallina recordarlo.

De todos sus utillajes, destaca uno. Se trata de una “tellerola” o cuchilla para cortar seda natural o tejer el terciopelo. En su cajita se puede leer: “muy valiosa, del siglo XIX”. Por eso, el velluter siempre la lleva consigo tras las demostraciones en el Museo de la Seda de València.

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El primer año del Museo: balance positivo

En el siglo XV el vellut (terciopelo) vivió su época de esplendor y se convirtió en un motor económico esencial en la ciudad de Valencia. Tanto es así, que en 1479 se creó de manera oficial el Gremi de Velluters gracias a la fortaleza de los tejedores de terciopelo. Entre 1450 y 1525, de los 2500 residentes biografiados como Artesanos de la Seda, 2000 -el 80%-, eran velluters, los cuales llegaron a tener en funcionamiento 1200 telares aproximadamente. Con el paso del tiempo, el barrio de Velluters fue el centro neurálgico del comercio de la seda en Valencia. Una huella histórica que hoy se mantiene gracias al edificio del Colegio del Arte Mayor de la Seda, convertido en museo.

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En el siglo XVIII se calcula que habían 3500 telares en Valencia, de los cuales, 900 se dedicaban al tejido del terciopelo. En el XIX se produce progresivamente un descenso del telar tradicional manual por el mecánico, algo que en el XX se generaliza. El vellut se deja de tejer manualmente en la segunda mitad de siglo.

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El telar de vellut  es una estructura antigua que procede de los fondos museísticos del Colegio del Arte Mayor de la Seda. La puesta en marcha ha sido posible gracias a la supervisión y dirección de Vicente Enguídanos, así como a la donación personal de parte de dicho telar. Estamos muy contentos de presentar este telar ahora que el museo está a punto de cumplir un año, concretamente el próximo sábado 17 de junio – explica Vicente Genovés, presidente del Colegio del Arte Mayor de la Seda.

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Ha sido un año intenso, emotivo y de muchas satisfacciones. Estamos consolidando esta institución como un punto clave de la historia valenciana, y como lugar de visita turística obligada. En 12 meses han pasado más de 45.000 personas por el museo, – asegura Vicente Genovés, presidente del Colegio del Arte Mayor de la Seda – Además trabajamos para mejorar día a día nuestra oferta cultural y de ocio. Este fin de semana el restaurante ya abrirá por las noches. Su terraza en el corazón del barrio de velluters es ideal para la tertulia en la medianoche.

En octubre está previsto inaugurar una exposición de espolines con dibujos inéditos. Están buscando espolines antiguos para que puedan ser contemplados por el público. Sería una cesión para esa muestra y están convencidos de que en Valencia los hay.

Además en esa muestra incluirá una joya bibliográfica que acaba de incorporarse a sus fondos. Se trata de un códice de 1506 que la fundación ha comprado a un coleccionista de Madrid con antepasados dedicados al tinte industrial en Valencia. Una pieza que guardaron durante años y que incluye las primeras ordenanzas de los tintoreros de la seda en Valencia. Después del verano, esta exposición será un nuevo éxito del Museo de la Seda tras la actual dedicada a la Seda en la corte de los Reyes Católicos de la mano de la serie de televisión Isabel que permanece abierta al público hasta el mes de agosto.

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