Julio es un mes señalado en letras mayúsculas en la agenda de una Fallera Mayor; es el mes de las Preselecciones, el colofón perfecto para un año de reinado. Para la mayoría, una bonita experiencia llena de ilusión; para unas poquitas, 72 niñas y 72 mujeres, un primer paso para otro sueño distinto y apasionante.

Es por ello que la mayoría de las candidatas no dudan en ponerse en manos de su indumentarista a la hora de prepararse para esa noche en la que tanto se juegan. Necesitan de su consejo, de las manos expertas de la persona que les confeccionó su traje más preciado, para ganar ese plus de confianza antes de enfrentarse a la magia de la pasarela y la mirada atenta del jurado.

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En el caso de las niñas, cuatro meses después de la Cremà,  en muchos casos se necesita algo más. Hablamos de ello con una Ana Jiménez, gerente de Artesanía Viana.

El traje de Fallera Mayor Infantil se hace de manera que al menos sirva para tres o cuatro ejercicios. Son edades de mucho crecimiento en las niñas y el traje debe adaptarse con toda naturalidad a esos «estirones» de su dueña. Es habitual que nuestras Falleras Mayores Infantiles vengan a hacer una puesta a punto de su vestido antes de la Preselección.

En Artesanía Viana, nos comenta Ana Jiménez, la labor del indumentarista no acaba cuando se entrega el traje realizado: nuestra atención personalizada llega hasta el final de la vida del traje.

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Historia de un probador compartido

Hoy en Artesanía Viana reciben a dos niñas, dos clientas muy queridas, que muy pronto se enfrentaran a la emoción de la preselección; las dos han confiado de nuevo en Ana Jiménez para la «puesta a punto»  de su vestido.

Claudia, a sus 9 años, nunca ha asistido al acto del Palau ni siquiera como espectadora. Nos confiesa su madre que apenas han hablado con ella de su trascendencia pues quiere evitar a toda consta que la niña lo viva con presión. Para ella, es uno acto más de los muchos que ha protagonizado este año, una oportunidad de volver a ver a sus amigas del sector.

Ana Jiménez fue a la primera persona que llamé cuando Claudia fue elegida Fallera Mayor – nos confiesa Laura la madre de la niña – ella ya hizo mis trajes de Fallera Mayor en el año 2004 y desde luego quería volver a vivir esta experiencia de su mano.

Ahora su precioso traje rosa de mangas de farol, el mismo que lució el día de su Presentación, en la Ofrenda o en la Proclamación de su Agrupación, será el traje con el que vivirá la experiencia en el Palau de la Música tras los arreglos que harán que  su corpiño se adapte a los centímetros que ha crecido.

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Ana y Claudia recuerdan divertidas el primer traje que le hizo, cuando apenas tenía 9 meses y que iba todo abierto por detrás. No será el último en el presente ejercicio: Claudia y su madre han decidido que se hará otro vestido para la elección de su sucesora cuando sea Fallera mayor saliente, Claudia lo tiene claro: quiere uno azul, que se parezca al de Alicia Moreno, la Fallera Mayor de Valencia.

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Mismo probador, mismo escenario, misma ilusión

Es tarde de Preselecciones en la tienda de la Malvarrosa de Artesanía Viana, Claudia comparte risas y vestidor con Yaiza que vivirá en el mismo lugar, el cauce del río a la altura del Palau, pero unos sábados antes, los mismos nervios y las mismas ilusiones.

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Ella sí que ha acudido otros años a ver las preselecciones y lo vive con emoción pero con responsabilidad, incluso le ha dicho a su padre con una seguridad pasmosa que si no es en esta ocasión, que no pasa nada porque se volverá a presentar cuando sea mayor.

El traje de Yaiza, un precioso vestido azul de manga codera,  también necesita «crecer»:

Las Falleras Mayores Infantiles, y cualquier niña que se haga un traje, es habitual que me visiten al menos una vez al año. En estas edades, cada año podemos sacar hasta 10 centímetros de tela, nos confirma Ana Jiménez.

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Yaiza es la mayor de tres hermanas, en casa todos somos falleros. Leyre y Martina seguirán sus pasos, eso sí, si pierden el miedo a los petardos.

Claudia y Yaiza comparten el probador de artesanía Viana en una tarde de confesiones, no coincidirán en el acto de las Preselección ya que pertenecen a sectores diferentes, pero estarán muy pendientes la una de la otra.

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Días después, Indumentat es testigo del orgullo y seguridad con el que ambas niñas viven finalmente la noche de su preselección. En mitad del proceso a una de ellas se le cayó un diente. Poco nos importan clasificaciones o números, Claudia y Yaiza fueron unas dignas representantes, orgullosas y felices, y así lo hicieron sentir a sus familias, a los miembros de su comisión que acudieron a arroparles y sin duda a su indumentarista: Artesanía Viana. Esa noche el ratoncito Pérez visitó a una de estas chicas, pero sin duda se sintió orgullosa de las dos.

Fotografía: Totem audiovisuales para Indumentat

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