La casa de un escritor es como un libro, un lugar donde adentrarse en una aventura apasionante.

Con esta frase recibía a los visitantes un Vicente Blasco Ibáñez interpretado por un actor en uno de los actos llevados a cabo  por la Casa Museo de la Fundación Vicente Blasco Ibáñez para celebrar el 150 aniversario del nacimiento del autor de “La Barraca”. Y es que este 2017, al que ya vamos diciendo adiós, ha sido el año de la conmemoración del autor valenciano.

La casa del escritor, Villa Malvarrosa, es el lugar elegido por la tradicional firma valenciana Espolín Amparo Gómez para mostrarnos algunos de los últimos diseños surgidos de los talleres del atelier en los últimos meses. Trece modelos, muchas de ellas a punto de vivir sus Fallas más especiales como Falleras Mayores, nos muestran emocionadas sus vestidos de Espolín.

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En primer plano, Amparo Rodrigo, de la Falla de Pere, con una seda estrecha en color rojo “Valentino”, tras ella Sara Roig de la comisión Alemania – Bachiller con una seda en color azul petróleo; al fondo, Esther Romaguera, de la Falla Carrer Nou – Estació de Picassent , con jubón de manga larga en seda estrecha en color rojo intenso.

 

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De izquierda a derecha, Aitana Doménech de la Falla Reino de Valencia – Maestro Serrano con una damasina en tonos grises y jubón con corte abierto y pala; con vestido de manga de farol, Carlota Albiach, de la comisión Vivons – Romeu de Corbera lleva una seda estrecha en la que destacan sus puntillas de aleçon de la colección antigua de Espolín; Lucía Orón de la falla del Arrabal de Massamagrell, luce una seda sin metales en color verde aguamarina y Laia Visa, de la falla Las Ventas de Buñol, con fondo blanco y dibujo recreación de una muestra antigua.
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De rosa, Martina Bellver, de la Falla Lope de Vega, con un justillo en seda y manteletas de batista, a su lado su hermano Nicolás con saragüells y chaleco de brocatell de seda da la mano a Carla Prósper, de la falla Borrull – Dr. Peset Cervera, con su traje para bailar, un guardapiés en dupión de seda con farfalar y jubón en indiana con envarado y acordonado invisible; por último, Marta Sánchez, de la comisión Alberique – Héroe Román, lleva un justillo con camisa de manga afarolada.

Diversidad de modelos, diseños del siglo XVIII y XIX, vestidos para bailar, brocados, brocateles trajes todos ellos muy distintos entre sí pero con un mismo método de trabajo: la seriedad, el buen hacer y el respeto por la tradición de Espolín. Un lujo que más allá de su valor económico se aprecia por el gusto por los detalles, los acabados, la armonía de cada composición.

Amores a primera vista y horas de trabajo

Hay gente que viene a vernos y se enamora de una tela, para todos los demás tenemos todo el tiempo del mundo para componer su tejido ideal.

Es la forma de trabajar en Espolín, cuentan con diseños y combinaciones de telas creados en exclusiva para la firma fruto de muchas horas de trabajo, pero para aquellas que viene con sus propias ideas o les gusta un fondo pero no tanto las combinaciones cromáticas de los dibujos, se les acompaña y asesora hasta que encuentran la unión de colores que les satisface. Es el caso de Esther Romaguera:

No paré hasta que dí con mi rojo soñado en Espolín, pero luego me esperaba el viaje más apasionante hasta que gracias a Juanjo, Pepa y con el visto bueno del tejedor dimos con la combinación de colores que deseaba. La creación de mi vestido de Fallera Mayor es un proceso que jamás olvidaré.

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La villa en la que el autor vivió, todavía guarda mobiliario original de la casa como la simbólica mesa de mármol del balcón. Una metáfora de la solidez y del trabajo bien hecho que bien podemos aplicar a los principios de la casa fundada por Amparo Gómez hace ya treinta años.

Son nuestras señas de identidad: complicidad, profesionalidad y personalización de los trabajos. Nuestras falleras tienen la garantía que de la tienda no van a salir dos traje iguales.

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En primer plano, las hermanas María y Elena Iborra, de la Falla Antic Regne – Duque de Calabria lucen sendos brocateles con el mismo dibujo confeccionado en distinto color.

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Tres generaciones y grandes amistades

Las modelos de este reportaje, todas muy jóvenes, son en muchos casos la tercera generación de clientes de Espolín. Una fidelidad  que enorgullece mucho a la Casa.

Las relaciones que estableces con las clientas, después de un año de pruebas y decisiones, van mucho más allá de una vinculación comercial. Vives con ellos momentos únicos a través de sus trajes y cuando nos confían la indumentaria de sus hijos, incluso nietos, nos llena de orgullo. 

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Una visita cultural llena de sorpresas con la que nuestros modelos comienzan un año fallero repleto de grandes acontecimientos, con la garantía de que sus indumentaristas, como siempre, les acompañaran en esta nueva aventura.

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Fotografías: Totem audiovisuales para Indumentat.

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