En el Templo de Santa María, en el centro histórico de Requena, encontramos estos días una exposición sobre mantones de seda que bien vale una visita a la monumental ciudad.

«Vestirse con un cuadro», el nombre de la muestra, debe su título a un fragmento de la novela «Fortunata y Jacinta» de Benito Pérez Galdos y a lo largo de la exposición, efectivamente, tenemos la sensación de visitar una pinacoteca y adquirimos conciencia del valor de estas prendas tan nuestras y tan lejanas a la vez.

Un proyecto de Javier Marco y Pablo Martínez, miembros de la Asociación Cantares Viejos , que en su afán por catalogar fondos no expuestos del Museo Municipal de Requena y de la colección particular del profesor Fermín Pardo sobre prendas de abrigo, acabaron acotando su estudio a los mantones de seda con flecos.

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Pablo Martínez Gil y Javier Marco Casero, comisarios de la exposición.

Finalmente se han inventariado más de 200 piezas de las que 90, pertenecientes a 16 colecciones, se pueden ver en la muestra. Destaca, junto a los fondos del museo municipal y los de su mentor Fermín Pardo, las piezas cedidas y el asesoramiento de Victoria Liceras o Enrique Marzal entre otros.

La exposición comenzó a gestarse a final del verano pasado, conforme se fue corriendo la voz muchos particulares nos han ofrecido generosamente sus piezas y herencias familiares. No tenemos más que agradecimiento a todo el mundo. No hay que olvidar que Requena era un importante foco de fábricas de sedas y damascos y su huella se aprecia en desvanes y arcones de muchos vecinos.

Historia de los mantones de Manila

Pieza por excelencia icónica del folklore más español, curiosamente su origen se encuentra a 9 mil quilómetros de distancia, en la provincia china de Cantón. Los preciados mantones se embarcaban en Manila hasta Acapulco, después cruzaban por tierra todo México y finalmente volvían embarcar en la costa atlántica de Veracruz hasta llegar al puerto de Sevilla. Miles de quilómetros para llegar al mercado español donde comenzaron a demandarse a principio del siglo XIX; vivieron su máximo apogeo en la segunda mitad de siglo y comienzos del XX, y siguen siendo una prenda preciada y de uso.

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Interior de una caja original de mantones procedentes de la China. Ésta conserva hasta el cartón original con el que se protegía la delicada seda bordada.

Tipos de mantones

En la exposición se pueden apreciar muestras de mantones imperio, los primeros que llegaron a la clases acomodadas, entre 1820 y 1840, con sus dibujos con frutas y pájaros; mantones isabelinos (1840-1860) con pequeñas cenefas que bordean todo el mantón. Estas prendas podían tener dos esquinas bordadas o la cuatro y los más valorados contaban además con figuras humanas.MANTON-MANILA-INDUMENTAT-3

Todos los dibujos tenían una simbología en la cultura china, aunque aquí la desconocemos. Hemos descubierto mantones con escenas de la vida del emperador o con frutas y animales que nunca se habían visto antes en Occidente, mantones con símbolos taoístas, o con colores intensos que no se pudieron reproducir nunca aquí.

Los isabelinos tardios son mucho más recargados, se bordaba hasta el último trozo de tela e incluso se superponían caras de marfil pegadas a las figuras humanas

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Caras de marfil originales desprendidas de los mantones en los que iban bordados.

Con el siglo XX, las damas de la alta sociedad comienzan a pedir por encargo sus mantones a China. Son los últimos que procederan de Oriente, pues a partir de ese momento comenzaran a realizarse en España a imitación de los originales. Mantones que costaban años en ser bordados y que ya no seguían las técnicas chinas tradicionales, sino que eran confeccionados al gusto de la clienta.

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Por último, los mantones modernistas, típicos de las décadas de los años 20 y 30, se caracterizan por flores muy grandes y los flecos a juego con los colores de los bordados y no del mismo tono que la tela como hasta ahora. Estas exuberantes obras de arte podían llegar a pesar 3 y 4 quilos.

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Mantones llenos de vida

Junto con la descripción histórica, el alma de la exposición se encuentra también en la recuperación de historias personales vinculadas a estas obras de arte. Al fin y al cabo, si estos mantones se han conservado hasta la actualidad en la mayoría de casos es por la carga emotiva que tiene para sus propietarios.

Así podemos disfrutar de mantones que cuentan la historia de novios que lo adquieren para sus amadas en la guerras de África o de Filipinas, mantones que son regalos de Primera Comunión, mantones de familias pudientes valencianas que los usaban para los grandes estrenos o acontecimientos.  Y junto a ellos, las piezas más modestas, los mantones de merino. Los mantones hechos de lana que imitaban modestamente los bordados de los de seda y que llevaban las mujeres menos afortunadas económicamente. Piezas que, como se puede observar en herencias e hijuelas, eran para sus propietarias su mayor tesoro.

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Hasta la Guerra Civil Española, era habitual que las niñas de familias acomadadas recibieran su primer mantón como regalo en la Primera Comunión.
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Mantones de Merino.

Damascos, de granadina, mantones de gro, de Melilla se pueden ver en la muestra. Donde también se recuerda a los conocidos concursos de mantones de Manila, que desde finales del XIX tenían lugar en cualquier fiesta local, o su uso como prenda simbólica para ir a los toros o en la indumentaria folclórica en cualquier punto de España.

Curiosamente es ésta una pieza que no ha perdido ni valor ni demanda. Cuando dejó de usarse como prenda habitual a principios del siglo XX, siguió conservándose para ir a los toros, lucirlos en fiestas familiares y, por supuesto en la recreación de la indumentaria tradicional y en grupos de baile.

Habitual como colcha, palio en las iglesias o como adorno en balcones en las fiestas de guardar, ese mantón que vino de tan lejos sigue a nuestro lado engalanando historias que nos son muy cercanas.

En la Iglesia de Santa María de Requena. Del 12 de febrero al 4 de abril de 2016.

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