No es fácil hacerse mayor. Ni crecer. Tampoco ceder el testigo. Asumir responsabilidades con un apellido de prestigio es mucho más que un reto profesional. Ambos lo saben. No hablamos de retiradas, sino de aceptar proyectos cuando un tren, llamado El Corte Inglés, se detiene en tu estación y te invita a subir. Álvaro Moliner y su hijo Álex hacen balance de un año intenso. Los últimos seis meses han sido vertiginosos. Acaban de iniciar una nueva etapa, la del siglo XXI, con un cambio en la empresa familiar que se adecua a los nuevos tiempos, pero que mira al pasado como referencia continua. El manual de estilo de esta empresa es el abuelo. Y así comienza esta conversación de la que, Indumentat sólo ha querido ser observadora.

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Álvaro Moliner mira al pasado con ojos vidriosos. Su padre dejó Villarroya de los Pinares (Teruel) a los 14 años para trabajar de sol a sol por una peseta diaria. Aprendió la labor comercial, que desarrollaría poco después, en un ultramarinos. Su madre insistió en que no había futuro en la sastrería, sin embargo él quiso aprender el oficio junto a su tío Pablo, que en aquel tiempo tenía el negocio de La Labradora. Cuando éste fallece su mujer decide seguir el negocio por su cuenta. Era el año 1939 y el abuelo Álvaro Moliner decide establecerse. Tuvo mucha suerte de conocer a la familia Pons, que le cedieron un entresuelo en la calle San Vicente, dónde ahora está la menina de Manolo Valdés, y ahí inicia su historia profesional.

Eran los tiempos del estraperlo, el trueque de la posguerra. La gente cambiaba huevos, leche, harina. Se pasó mucha hambre. Tu abuelo cogía el tren a Barcelona para visitar a los proveedores y, nos lo contó años después, viajaba en el estribo del tren para ahorrarse el viaje. Traía mercancías y las vendía. Así comenzó Moliner. En 1946 decide cambiar, todo iba bien. Arriesgó porque, ya casado tenía 5 hijos, Moliner se traslada al Pasaje Ripalda. Por aquel entonces el edificio era un hotel y, nuestra actual tienda, una cafetería de elegantes cortinas rojas dónde tocaban el piano y el violín.

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Años después parcelaron el hotel y se hicieron viviendas. En 1947 fallece uno de mis hermanos de tifus, Álvaro a los 11 años, pero él se hizo fuerte y siguió luchando por nosotros. Compró el local y siguió creciendo. En los 60 compró Almacenes Payá en la calle Convento Santa Clara, después en la calle de la Sangre. Venían a comprarnos desde Canarias hasta el País Vasco. En los años 70 llegamos a ser 50 empleados, primero con la venta al detall y luego al mayor, pero la crisis nos afectó. Subieron las materias primas. El abuelo nos dejó en 1974. Remontar sin él no fue fácil. Y hubo casi que empezar desde cero por la situación económica del momento.

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Consejos y recomendaciones

Álvaro Moliner se emociona al recordar la figura de su padre. Un hombre que en casa seguía hablando de la tienda en las tertulias de sobremesa. Era su vida y siempre estaba inventando campañas de publicidad para fidelizar a unos clientes y atraer a los nuevos. Álvaro hijo estudió Peritaje Mercantil, el equivalente a los estudios actuales de Administración y Dirección de Empresas (ADE) que completó su hijo Álex. Para él la formación és básica. Por eso ha querido que sus tres hijos estudiasen y eligieran libremente su camino profesional. Su hija mayor es médico y el mediano trabaja en una productora de televisión para el Valencia CF. Álex tiene ahora 26 años ha estudiado su carrera, sus idiomas, un posgrado de cuatro meses entre Alemania y Corea. Además ha reforzado su currículum con un máster en Marketing y Comunicación Digital en la Universidad Politécnica. Allí ha trabajado en Relaciones Internacionales y tenía varias ofertas, pero este verano les llamaron de El Corte Inglés. Álvaro Moliner acudió con su hija mayor.

Escuchamos atentamente su oferta y fue ella la que me sugirió que tú, su hermano pequeño, eras la persona adecuada. Yo tengo 63 años, me daba cierto vértigo lanzarme. Pero ella, que tiene un don especial, dijo al salir de la primera reunión: “Papá, ¿y si se lo dices a Álex?

Padre e hijo comparten el sentido del humor y son optimistas por naturaleza. Ambos, con estudios similares, son emprendedores. Álex se encontraba finalizando el máster cuando le propusieron unirse a la empresa familiar. En aquel momento se encontraba en un proceso de selección de personal. Y no lo dudo.

Cuando pensaba que no se produciría la continuidad de la saga Moliner recibí esta sorpresa por parte de mi hijo. Se lo expliqué y me dio una enorme alegría: Álex aceptó la oportunidad de la mano de El Corte Inglés. Confío en él y sé que va a salir bien. Ha buscado una gran amiga de la familia, excelente profesional, Eva Gómez Asins que aporta otro estilo al nuestro y van a formar un buen tándem en la nueva tienda.

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Alex Moliner es tímido, había pensado en alguna ocasión seguir con la empresa familiar pero seguía estudiando, viajando, formándose en el extranjero. Pero este reto encima de la mesa es para él la oportunidad de demostrarle a sus padres que está preparado para seguir el trabajo iniciado por el abuelo.

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Sabe que el apellido es un aval pero que recibe con él una gran responsabilidad. Sus recuerdos de niño son la imagen de la abuela, que era la cabeza fría de la tienda. Siempre junto a la caja. Falleció en el 2003 y entonces Álvaro Moliner le compró a sus hermanos su parte de la empresa. Como sus hijos ya no eran unos niños, su mujer se incorporó como dependienta a la tienda.

Tengo que darte las gracias. Con este nuevo paso – se ha creado una nueva sociedad Moliner Indumentaria- tras seis meses de burocracia estoy feliz. Veo este espacio en el Corte Inglés de la Avenida de Francia y sé que no es un regalo. Es un proyecto que empieza con vuestra experiencia, dónde por supuesto vamos a mantener lo clásico, vamos a cuidar la calidad y vamos a garantizar los valores que he aprendido en casa. Me gusta mucho que hayamos recuperado el logo antiguo pero con un nuevo enfoque. En él os veo a todos vosotros, es un estímulo que crezcamos juntos. Vamos a comunicar todo ello a través de las redes sociales. Vosotros siempre estuvisteis por la actualización, la innovación con aquellos primeros desfiles de moda, las campañas de Plan Renove o los cortes tela a 100 euros en las Rebajas Falleras. Así hemos de seguir. Espero poder aportar lo que he aprendido y que estés orgulloso.

Y allí les dejamos, en la séptima planta de la Avenida de Francia, rodeados de menaje, cerámica, vidrio y artesanía, junto a la que ellos crean con sus trajes de valenciana. Se quedan conversando, un tanto emocionados, en el ambiente acogedor del espacio de Moliner, porque el año nuevo viene preparado de energía. Ellos, arropados por la sabiduría de antaño y con la preparación que no han descuidado, saben que es momento de seguir adelante con este espacio y los que podrían abrir en otros centros comerciales de Valencia y Alicante.

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