Por Laura Ballester (Indumentat). Cuenta la historia, que Vicent Ferrer fue capaz de obrar milagros con tan solo levantar su dedo índice. Que su palabra causó admiración y partió para que todos la escuchasen.

Pocos imaginaban que la admiración por Vicent Ferrer por aquel lejano siglo XIV permanecería tantos siglos después, pues ¿quién iba a traspasar, de generación en generación, semejantes hechos? La respuesta la encontramos en uno de sus milagros. Cuenta la tradición que, en 1359 Vicent Ferrer, cuando tan solo contaba con nueve años de edad, obró un milagro, curó las apostemas malignas a su vecino de la plazoleta de los Anzuelos, Antonio Garrigues. Las muestras de gratitud por parte de su vecino fueron tantas que, en 1461, Juan Garrigues, hijo de Antonio, levantó el primer Altar de San Vicent en la calle del Mar de Valencia. El altar contaba con una bella imagen del santo y una inscripción. Pese a las protestas de los vecinos de la Calle del Mar, quienes consideraban un honor y un homenaje privado el Altar, esta práctica se fue extendiendo por las calles de Valencia.

A día de hoy perviven un total de 13 altares que predican la palabra de Sant Vicent Ferrer y un sinfín de devotos del santo, quienes año tras año disfrutan viendo las representaciones de los niños en los altares.

Nos desplazamos al Altar del Mercat, quienes realizan su interpretación en la Iglesia de los Santos Juanes. Los niños son los protagonistas, los encargados de que el público descubra un episodio de la vida del Santo, un milagro entre tantos que obró con su “ditet”.

mercat central replegà 2016
Replegà 2016

El día del concurso

A falta de tres ensayos para el día del concurso que organiza la entidad de Lo Rat Penat, visitamos el lugar de ensayo del Altar del Mercat, el templo donde se cuece la representación. Miguel y Alejandra son los encargados de dirigir  a “los niños de San Vicente”, como popularmente son conocidos. Ellos cuidan de que cada detalle esté perfecto.

Año tras año, Lo Rat Penat, convoca el concurso de milagros para escoger el que será el mejor milagro de las fiestas vicentinas. Es un día en el que la mano tiembla y a veces no sale ni la voz. “Los niños no han pisado previamente un escenario para ensayar el Milagro, les resulta muy complicado. Llegan allí y es un espacio que no conocen, se desubican”, cuenta Miguel, quien tiene un especial cariño a los niños del Altar del Mercat, pues con ellos comparte todo un año de esfuerzo, dedicación y pasión.

Es el momento de demostrar todo el esfuerzo, pero, al fin y al cabo, son niños y los nervios se reflejan en sus rostros. “Ven otros altares, otros niños que lo hacen mejor o peor, como en todo, pero ellos se comparan por qué es inevitable.”, añade Alejandra.

Dos generaciones de historias que contar

Alejandra es la otra mitad de la dirección de los pequeños actores del altar, pero recuerda con cariño que un día fue ella la alumna. “Yo siempre he sido niña del milagro, nunca he sido directora, lo voy a vivir este año”, comenta. Empezó con nueve años, con el temor que cualquier niña puede sentir al subirse por primera vez en un escenario y años más tarde, es ella quien tranquiliza a niños. “Lo recuerdo con mucho cariño, para mi la Pascua era venir a San Vicente a ensayar, en la actualidad sigo siendo dama de San Vicente para no desconectar.

Durante esa etapa como niña de San Vicente, entabló diversas amistades con quienes “aún tengo relación”. Entre unos y otros logró hacerse un hueco, destacar, hasta ser ella quien dirigiese la representación junto a su compañero Miguel.

Entre esas amistades de infancia con la que compartió nervios e ilusiones estaba Ana, unos cuantos años después Alejandra dirige a la hermana pequeña de su amiga. Se trata de Celia, que lleva saliendo en el altar desde que tiene uso de razón para hacerlo, “salgo por mis hermanos, ellos han sido mi mayor influencia”, afirma, incluso su hermano llegó a representar a Sant Vicent Ferrer.

La mirada y la sonrisa al hablar del Altar le delata, le encanta salir en el milagro, “conozco a gente muy amable”, comenta. Su histórico personaje, doña Juana, está a punto de revivir tras una Celia decidida a brillar siguiendo la estela familiar. 

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La elección del milagro es la parte más compleja del proceso, hay que adecuarse al número de niños y a la capacidad de ellos para aprenderse el papel. “Este año hemos leído muchos. Hay que intentar que todos estén a gusto y que estén bien”, comenta Miguel. Un milagro nuevo se prepara en el interior de cada Altar. La función debe continuar.

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