Nos adentramos en el corazón de Santamaría Orfebres, un espacio creativo por el que han crecido cuatro generaciones de orfebres. De la calle de las Danzas, donde comenzó todo en 1870, a la calle Cajeros y desde los años treinta, a pocos metros de la Plaza del Pilar, en la calle Maldonado. Han cambiado los espacios, pero se mantienen integrados en la decoración pequeños muebles auxiliares, imperecederos al tiempo y a la sabiduría, en los que han aprendido el oficio artesano.

Santamaría no tenía competencia porque tenía un archivo documental que hoy sigue estando vigente. Mientras que nuestro bisabuelo se ocupó de trabajar el producto religioso (coronas, resplandores, cálices o sagrarios), el abuelo realizaba faroles antiguos, andas de imágenes y las peinetas. La joya de la indumentaria valenciana es la peineta y los aderezos eran su fuerte – nos cuentan sus dos hijas Carmen y Elena al frente del negocio familiar. La mayor de las tres, Amparo, disfruta con su marido de su merecida jubilación.

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El matrimonio Santamaría, sus padres, compartía pasión por la indumentaria valenciana. Ella diseñaba y bordaba manteletas, él siguió el oficio del abuelo tras estudiar orfebrería. Hubo un tiempo en el que en la tienda también se podían adquirir las manteletas, pero la orfebrería siempre ha sido su bastión.

El estudio como legado

Elena y Carmen Santamaría nos reciben en el estudio que compartieron con su padre. Allí hacían los deberes al regresar de Escolapias. Con ellas, su hermana Amparo. Eran las tres perlas finas de un encantador de falleras. La primera en incorporarse a la empresa fue Elena que recuerda aquellas tardes de su infancia con cariño.

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Con ocho años, ya pasábamos perlas, era como jugar. Podríamos haber elegido el oficio de nuestra madre, pero éramos más inquietas y nos capturaron los procesos de orfebrería. Nuestros padres nos dejaron experimentar con un soldador, aprendimos a cincelar y engastar. Estudiamos, porque era lo primero, Dibujo, después en Artes y Oficios, la especialidad en Orfebrería. Y de clase a la tienda, a poner en práctica lo aprendido. Mi mejor maestro fue mi padre, Vicente Santamaría, y no nos lo puso fácil porque aquí él era el jefe. Y era muy perfeccionista.

Carmen, finalizados los estudios de Administrativo e Inglés, se incorpora por las tardes a la atención al cliente en tienda. Y se lanzó sin dudarlo a completar su formación. Decide estudiar Gemología y después Engastado.

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Menos cincelar y dibujar he hecho de todo. Mi padre trabajaba dentro, en el taller, luego salía a tienda y vendía. Era un gran orador y los clientes querían que él les atendiera porque era un gozo escucharlo. Nunca hubo un dependiente en tienda. Siempre nos hemos ocupado nosotros de la empresa. Tal vez el secreto de cuatro generaciones está en que transmites la pasión de lo que has hecho con tus manos a la venta del producto.

Dos profesionales complementarias

Formación en paralelo que logró el tándem perfecto. Constancia y esfuerzo son la clave. Y mucho respeto al trabajo paterno. Así son estas dos hermanas, dos profesionales complementarias que valoran su suerte y admiran las capacidades que comparten.

Durante años les hemos visto luchar por sacar adelante a su familia y, nos lo dieron todo, pero valoramos mucho lo que hemos tenido. A los 65 años, él se jubiló pero siguió a nuestro lado hasta los 89. Tuvo una cabeza extraordinaria que se ocupaba de organizar, bancos, abogados, todas las gestiones. Un peleón hasta el final.

Elena supo que el diseño y el cincelado eran lo suyo. Todas las púas de Santamaría Orfebres las hace únicamente ella. De hecho nuestro padre le enseñó a cortar las púas como nadie. Y ella ha heredado su genialidad. – Nos cuenta Carmen, con admiración, de su hermana.

Mientras Elena le devuelve el cumplido: Carmen ha heredado de mi padre el buen trato con el cliente. Sabe escuchar y es muy observadora, por lo que acierta plenamente en sus propuestas.

 – ¿Cómo hay que elegir unas peinetas? 

No existen dos peinetas iguales – Elena toma la palabra con seguridad-  Todas están hechas a mano, cinceladas desde cero. Es muy importante saber qué aderezo va a llevar. Lo comparó a comprar un cuadro. Una pintura entra por los ojos. Yo separo la que le gusta, si su estilo es sencillo o prefierere que sea más cargada. La peineta es una joya imprescindible, símbolo de la valenciana. Una mujer de valenciana, con 1 o 3 moños, me da igual, siempre lleva el pelo recogido y sus peinetas.

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– ¿Y un aderezo? ¿Cómo sabré si he acertado?

Cuando se elige una peineta, Santamaría valora la fisionomía de la mujer, su cara. Y a partir de ahí se busca el consenso. – Carmen adquiere un tono más serio y continúa- Yo miro a la mujer o a la niña, le pregunto si vestirá del XVIII o del XIX. Buscaremos aquellos modelos que más le favorezcan a su cara: si es más redonda, si tiene cuello corto o de cisne. Y le aconsejaré, dentro de su gusto, y acorde al carácter del traje que lleva. Si es para bailar optaremos por unas piezas, si es para una Fallera Mayor con traje de gala, seleccionaré otras. 

Una de nuestras mayores satisfacciones es que nuestras clientas nos llaman para decirnos que no les duelen las púas de las peinetas – añade ElenaYo me la juego con cualquiera porque con nuestra técnica, que lleva mucho más tiempo de realización en taller, la púa es como un peine. Y, ya puedes estar horas vestida con tus moños que, la cabeza no se resiente. 

En Santamaría aciertas seguro (se ríen). Y no lo digo yo, sino nuestros clientes que también lo son desde hace generaciones. Son muy agradecidos. Nuestro mejor premio es que te llamen para decirte lo satisfechos que han quedado con el resultado. Lo ponemos muy fácil y damos garantía de por vida, si algo se estropease, nos hacemos cargo porque sabemos la calidad que ofrecemos. 

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Trabajo en equipo y reconocimiento social

Hace 20 años apostaron por los aderezos sencillos y más pequeños. Se salieron de los cánones y se adelantaron a la tendencia posterior con aquellos prototipos que dejó el abuelo y que recuperaron con acierto. Con ellas, el equipo de Santamaría lo integran Pepe y Fernando, cincelador de peinetas y soldador de aderezos respectivamente. Ambos llevan casi dos décadas en la empresa y se han convertido en piezas claves en un equipo cohesionado.

Nos adelantamos con los latonados, con el oro rosa que después ha incorporado la joyería y relojería, los metales pulidos y barnizados o el baño inglés (que le da a las peinetas ese tono verdoso) han salido del taller con riesgo pero con éxito. Nos gusta arriesgar con técnicas y aleaciones, pero siempre siendo muy respetuosos con la tradición. De hecho el racimo de uva en pendientes para las Falleras Mayores, el oro y el rodio se mantienen como clásicos de la indumentaria valenciana por su excepcional belleza.

Los dos últimos años tienen para Santamaría el especial sabor del reconocimiento público. En 2014 recibieron el Premio del Centro de Artesanía de la Generalitat y este año ha sido Archival quien les ha otorgado su mención de honor por 25 años de colaboración al Patrimonio Histórico y Cultural.

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Las manos de Santamaría Orfebres prepararán durante el verano una colección que estará a la venta a partir de septiembre.

Ya estoy con los bocetos – dice Elena – no tengo que buscar en libros de fuera, ni en manuales antiguos. Tengo la inspiración en casa y muchas ganas de hacer algo que, mantiendo la tradición, sea muy diferente. 

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Les dejamos en su rincón más especial junto a la ventana y el sillón desde el que su padre les dio tan buenos consejos. En él depositan sus miradas y sus reflexiones. Sus silencios. Y quién sabe si, la compañía de tantos recuerdos sigue siendo la fortaleza para seguir con su sabio ejemplo.

 Fotografías: Totem Audiovisuales para Indumentat.

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