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Hace casi un año, el pasado 23 de mayo, en los momentos previos a la Asamblea General de esta Societat Bibliogràfica Valenciana “Jerònima Galés” celebrada en el antiguo monasterio de San Miguel de los Reyes, sede de la Biblioteca Valenciana, y como ya nos tiene acostumbrados, nuestro amigo Pepe Huguet nos sorprendió con este pequeño impreso recordando los diversos actos que en torno a la seda se producirían en nuestra ciudad, especialmente los relativos a la Ruta de la Seda bajo el patrocinio de la Unesco. Pues bien, de Huguet fue la idea de que se reprodujera la obrita con el estudio introductorio que ahora se ofrece. En el capítulo de ruegos y preguntas este ofrecimiento fue aprobado por unanimidad. El citado folleto tiene una secuencia histórica-bibliográfica que ahora vamos a tratar.

Coincidiendo con el periodo de industrialización a mitad del siglo XVIII, en tierras valencianas, se produjo una mejora notable en la tecnología para la fabricación, hilado y torcido de la seda que, a su vez, produciría un profundo cambio en cuanto a la elaboración artesanal existente hasta ese momento, ya que ésta estaba basada en el trabajo manual un tanto arcaico. Y este nuevo método de fabricación fue presentado a la industria valenciana por medio del folleto que ahora se reproduce: Instrucción para la hilanza del organsin o seda fina pelo según el nuevo método de Monsieur Vaucanson, de la Real Academia de las Ciencias de París, comunicada por Santiago Reboul. Esta obrita, impresa por Benito Monfort en 1776, fue repartida entre los cosecheros, productores y profesionales del ramo por la Junta de Comercio y de Agricultura de la Ciudad y Reino de Valencia, con el fin de ofrecerles y convencerles de las ventajas del nuevo método así como de una oportunidad laboral manifiesta.

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En 1769 se había concedido un privilegio al francés Guillermo Reboull para introducir en España el método de hilatura y torcido que Jacques Vaucanson (1) ya había perfeccionado en Francia. La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia, preocupada por la mejora y progreso del arte de la seda, apoyó el nuevo procedimiento (2).

Los telares de Vinalesa y Foios

Con este fin se creó una fábrica en la población de Vinalesa propiedad de José Lapayese y puesta en marcha bajo la dirección del citado Guillermo Reboull y su hijo Santiago. Se instalaron 30 tornos de hilar dobles en los que podían trabajar a la vez dos hilanderas. Además, la fábrica disponía de 44 molinos accionados por la fuerza hidráulica procedente de la acequia de Moncada de los que se llevaba a cabo un proceso de mecanización para devanar, doblar y torcer la seda. Este procedimiento aceleraba el ritmo de trabajo en comparación con el sistema tradicional ya que cada uno de los molinos contaba con 70 rodetes que recogían la seda de otras tantas madejas, mientras que en el sistema domiciliario tradicional cada mujer podía accionar un solo rodete (3).

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En 1783 sale a la luz un precioso impreso de los talleres de Joseph y Thomas de Orga: Disertación descriptiva de la hilaza de la seda, según el antiguo modo de hilar y el nuevo llamado de Vocanson, obra en la que había estado trabajando tres años antes el doctor Francisco Ortells y Gombau, presbítero y vicario de la parroquia de Foios. Esta edición contó con la aprobación de la Real Junta Particular de Comercio y Agricultura de la Ciudad y Reyno de Valencia. Ortells, en su introducción, ya advertía de la importancia de la cosecha de la seda y su elaboración en Valencia: es un objeto digno de la mayor atención de sus habitantes por los muchos caudales que pueden adelantar, con el buen uso y sabio manejo de un fruto tan precioso (4).

Según Ortells el nuevo método comportaría algunas desventajas y dudas que habría que disipar, ya que argumentaba que con los nuevos tornos, con igual capullo que en el antiguo procedimiento, salía menos seda. También decía que los tornos de la nueva invención representaban más coste que los antiguos y de menos utilidad en la extracción del capullo. Al final de la obra apoya claramente el nuevo método y estima que, a pesar de los inconvenientes, debe de ser la práctica la que lleve al labrador a comparar, respecto al nuevo proceso de hilado, la limpieza, consistencia, hermosura, brillantes y demás buenas calidades que se echan de menos en el antiguo,5 ya que precisamente eran los propios labradores quienes ofrecían más resistencia al cambio.

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En 1784, un año después, Josef Lapayese, fundador de la fábrica y socio de mérito de la Real Sociedad de Amigos del País de Valencia, apunta nuevos datos sobre el sistema de Vaucanson en su obra Tratado del Arte de hilar, devanar, doblar y torcer las sedas, según el método de Mr. Vaucanson, impresa también en los talleres de los hermanos Orga. Lapayese aborda aclaraciones y nuevos datos, sobre todo ofrece noticias sobre su fábrica de Vinalesa. Dice en el prólogo: No es en mí un efecto de libertad, sino de forzosa obediencia, el dar una puntual y exacta razón de los adelantamientos que a fuerza de mi aplicación y desvelo ha conseguido la Fábrica de Vinalesa. La obra se acompaña de cuatro grabados con las máquinas y sus aplicaciones así como de un plano del lugar donde se implantó la fábrica.

Qué duda cabe que a Vinalesa y su entorno le vino de maravilla esta instalación fabril, ya que dio empleo a muchos vecinos, hombres y mujeres, que inmediatamente se adaptaron a este tipo de actividad industrial desconocida en el medio rural y que sería el germen de una incipiente preindustrialización. La población contaba con unos 700 vecinos. Observando el plano que se reproduce vemos el trazado de la fábrica y sus instalaciones, donde el agua está muy presente, ya que rodeando el conjunto se hallaban la Acequia Real de Moncada, la de Foios y también diferentes balsas para el hilado, convirtiéndose en el primer centro fabril valenciano en utilizar la fuerza motriz del agua (6).

Tal fue su fama que el botánico Cavanilles no la pasó por alto en sus Observaciones y la describió así : (…) recibe el impulso general de las aguas que corren por la acequia, las quales mueven una rueda de 104 palmos de diámetro, y esta á varias máquinas distribuidas en salas espaciosas. Para el torcido se han dispuesto 22 máquinas, y en ellas 48 ruedas, moviendo cada rueda quatro husos. Catorce de dichas máquinas sirven para torcer la seda á un cabo o hilo solamente, siete para torcerla á dos, y la última para tramas. En otra pieza hay también 22 máquinas, las 19 para devanar y cada una pone en movimiento 36 madexas, que cuida con comodidad una sola muchacha; las tres restantes sirven para doblar, y ocupan seis mugeres, cuidando de treinta rodetes cada una.

Ya en el siglo XIX el industrial Santiago Luis Dupuy, con fábrica en Patraix, escribió la obra Apuntes sobre la industria de la seda, cría del gusano que la produce, dedicados a la Sociedad de Amigos del País, impresa en Valencia en los talleres de Manuel López en 1839. El autor ofrece una noción general sobre la industria acompañando planos plegados de la cría del gusano y su producción. Pero lo más significativo de esos datos es la incorporación de tornos movidos a vapor que el mismo Dupuy había incorporado a su fábrica.

Un precioso manuscrito valenciano, anónimo, de nuestra biblioteca, con el título Cría del gusano de seda (principios del siglo XIX) (7) incorpora el capítulo Torno para sacar la seda llamado de Piamonte, con dibujos basados en las máquinas de varios autores, entre ellos Vaucanson.

A mitad del siglo XIX se produjo la decadencia de la industria sedera valenciana. Las plagas en los gusanos y moreras, las inundaciones de La Ribera hicieron que los comerciantes abandonaran esta industria sedera pasándose a producciones agrícolas más rentables, como lo fueron la producción naranjera y de hortalizas en general. Por ello la industria sedera se redujo ostensiblemente. Hacia 1863 los tornos se hallaban prácticamente paralizados y de las 20 fábricas montadas en Valencia sólo funcionaban 7. A últimos de este siglo aún se editaron manuales valencianos para la cría del gusano de seda (1872, 1899) y hasta principios del siglo XX, La crianza del gusano de seda y el cultivo de la morera, en un intento de revitalizar el sector por parte del Servicio del Fomento de la Sericicultura Nacional, pero la industria estaba herida de muerte. El cultivo de la morera era residual y la cría del gusano siguió practicándose a pequeña escala hasta comienzos del siglo XX.

Para la historia sedera valenciana quedó la fábrica de Vinalesa con la incorporación de los tornos sistema Vaucanson y su aplicación en nuestras tierras, un sistema que revolucionó la industria de la seda perfeccionando su hilado, corrigiendo técnicas anteriores y aumentando su producción.

Esta Societat Bibliogràfica se complace en presentar la Instrucción que se reproduce y así recordar a Jacques Vaucanson cuyo método que tanto tuvo que ver con la industria sedera valenciana del siglo XVIII.

Notas:

[1] Jacques Vaucanson (Grenoble 1709 – París 1782), ingeniero e inventor, miembro de la Academia de Ciencias Francesa, fue creador de diversos autómatas y pasó a la historia por fabricar el primer robot, además de crear el primer telar completamente automatizado, el que nos ocupa en este estudio.

[2] No olvidemos que la industria de la seda, en Valencia, representaba un volumen considerable de negocio del cual dependían muchas familias, cosecheros de la huerta, productores y artesanos en la propia ciudad, especialmente en el barrio de Velluters, con la presencia de andanas dedicadas a la cría del gusano.

[3] Martínez Ruíz, Enrique. Magdalena de Pazzis. Pi Corrales. Ilustración, Ciencia y Técnica en el Siglo XVIII Español. Universitat de València, 2008, p. 205.

[4] En esos momentos se estimaba que la producción de seda en tierras valencianas era de aproximadamente un millón y medio de libras de seda con su correspondiente contravalor.

[5 Ortells. Disertación descriptiva, p. 184-185

[6] La fábrica, todavía en pie, con el paso de los años cambió de propietarios y también de actividad, ya que fue productora de tejidos de esparto, yute (pasó a conocerse como La Yutera) y elaboración de guano. En la actualidad el edificio se halla rehabilitado y en él se han instalado diversos centros de atención social para el municipio.

[7] En folio, sin paginar. Contiene diversos capítulos con 41 dibujos entre el texto. Creemos que fue un manuscrito preparado para llevar a la imprenta.

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