Asomarse a Solepiel junto a la Plaza de la Merced, es observar un incesante vaivén de lazos, pasamanería, pompones y cordones de seda entre las manos de dos mujeres Nerea Sánchez García y Raquel Pérez García. Frente al mostrador de esta empresa, ambas consolidan el trabajo de su tía Dolores Sánchez que ejemplifica el dicho de “Detrás de todo gran hombre…”. Ella y su esposo fueron el tándem perfecto para el establecimiento de Solepiel en Valencia. En este 8 de marzo el Día de la Mujer Trabajadora, nos muestran que la conciliación en la empresa no sólo es posible, sino que es necesaria. Por ello cuentan con un equipo de profesionales que garantizan el servicio post-estreno, en el caso de necesitar una mejora en el perfecto ajuste del calzado.

Solepiel cumple este año 100 realizando calzado a medida. Una escuela de vida para esta familia que desde hace décadas calza a miles de mujeres, niñas y, para desconocimiento de muchos, también a hombres siempre mimando el detalle de cada una de sus piezas. Los orígenes de esta empresa familiar de zapateros, en su tercera generación, tiene sus orígenes en Andalucía. Nerea Sánchez nos cuenta la historia sin dejar adelantar los detalles de unos zapatos para la Ofrenda.

Nuestra historia comienza con un nombre: José López Pulido que fundó la primera de las tiendas. Su padre,  Rafael López inició la empresa en Andalucía en 1916 junto con su hermano José María. Pero después de la Guerra Civil, en 1939 nace mi tío Pepe que decide venirse a Valencia con sólo 19 años y dejar su Córdoba natal. En 1958 abre muy cerca de nuestra actual tienda su primer establecimiento, en la Plaza de Porchets. Y allí hemos aprendido el oficio y crecido todos junto a ellos.

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Solepiel, tres generaciones de artesanía (1916 -2016)

En 1981 José López Pulido se casa con Dolores Sánchez Carbonell, que será alma mater del negocio. Pepe se encargará de la línea de zapatos de fallera, ortopédico y de reparación mientras que ella se da a conocer con sus diseños de calzado de fiesta y ceremonia, mucho más personalizado que enamora a cientos de novias. Hemos aprendido mucho de ellos. Mi tío nos ha enseñado a manejar un zapato, a saber cómo tocarlo, a sentirlo. Y ella nos decía: nuestra mejor publicidad va a ser el boca a boca, porque si ayudas a entender al que padece de los pies y le buscas solución a sus problemas, volverán con sus familiares y se lo dirán a sus amigos.

En la actualidad Nerea y Raquel son las dos mujeres de la empresa que, desde el mostrador de su tienda aconsejan, como vieron en su tía Loli, a falleras, novias, clavariesas, etc. Mujeres y hombres cuyos pies necesitan un calzado ortopédico o especial. Se actualizan cada año en tendencias para fiesta, pero su reto son las novias porque recordarán los zapatos de su primer baile. Cuentan con el aval de las Falleras Mayores de Valencia y sus Cortes de Honor desde el año 2008, garantizando que llevarán un guante en sus pies en los múltiples actos de su agenda festiva. Desde el año 2012 se preocupan también de la comodidad del calzado masculino. Todos y cada uno de sus pares con un denominador común: la artesanía.

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Entramos en la trastienda, el taller de fabricación de calzado a medida. Encontramos a tres técnicos especializados en comodidad. Enrique Figueroa es el veterano de Solepiel, más de 18 años en la empresa. Llegó a Valencia desde su Ecuador natal con la esperanza de encontrar un empleo similar al que realizaba en su país.

Tuve mucha suerte porque yo venía a España con el oficio de zapatero aprendido de mi padre. Me presenté en la tienda, pregunté si necesitaban dos manos con experiencia, me hicieron una prueba y me quedé.

La casualidad hizo que, también desde Ecuador, algunos años después llegara otro zapatero Fernando Caicedo. Vive desde hace 12 años en Valencia y sigue disfrutando del oficio porque, según nos cuenta, al ser a medida, cada trabajo es diferente.

Un par de zapatos pasa por las manos de cuatro personas y necesita una media de 4 horas para su realización pues todo el montaje se realiza a mano. Requiere paciencia y buen gusto. Los zapatos de valenciana necesitan además un trato especial, un especial mimo con la seda, el encarado de las flores de manera simétrica en ambos zapatos, el secado previo para completar el proceso.

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Juan Carlos Guanter lleva 5 años en Solepiel, ha aprendido el oficio de manos de su esposa, Nerea que, desde la tienda completa los detalles decorativos con su prima Raquel. Son la tercera generación que desde 1916 han trasladado las enseñanzas y la experiencia a la familia.

He aprendido mucho de las mujeres de esta empresa, ellas son el verdadero timón de Solepiel. Ya lo fue su tía y antes el abuelo. Son un ejemplo de constancia y trabajo. Y juntos formamos un excelente equipo de trabajo.

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La maquinaria moderna ha permitido algunas mejoras en la realización del calzado a medida, pero irremediablemente la mano del hombre ha de intervenir en el proceso creativo de cada par de zapatos. Observamos las herramientas que emplean, algunas ya están viejas, pero siguen a su lado como parte de ese pequeño museo del zapatero artesano. Con ellas aprendieron el oficio de sus mayores, encierran buena parte de la historia de Solepiel y del buen hacer de su familia. Son su particular homenaje y el recuerdo vivo de los que dieron en firme el primer paso.

Fotografías: Totem Audiovisuales para Indumentat.

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